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Nos mudamos

16/08/2010
Nos mudamos

Nos mudamos

A partir de ahora, las nuevas entradas de “Tecnología en la Administración Pública” se publicarán en el nuevo sitio www.carlosdiazpache.com. Si lo hemos hecho bien (que espero que sí), los suscriptores al RSS continuarán recibiendo las novedades de forma automática.

La nueva web está en versión beta, así que agradeceré cualquier aviso sobre errores, fallos o lo que queráis comentar.

Allí nos vemos.

EDITO: Los suscriptores del feed a través de feedburner serán automáticamente redirigidos al nuevo feed. Quienes estabais suscritos al feed nativo de wordpress, por favor, actualizad vuestra dirección. El nuevo feed es: http://feeds.feedburner.com/TecnologiaEnLaAdministracionPublica

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¡Emprendamos!

13/08/2010
Emprendedor

Una startup suele desarrollar una idea innovadora

En un país con un dramático 43% de paro juvenil, emprender no es una opción, es una obligación. Hasta ahora, muchos de los que pensaban montar su propio negocio terminaban abandonando el proyecto por las dificultades que encontraban en el camino y la relativa facilidad de conseguir un trabajo (sobre todo en el sector tecnológico). Las dificultades ahora son las mismas, pero el panorama alternativo es infinitamente peor.

El año pasado solo había una startup española entre las 50 mejores seleccionadas por Business Week (FON, de Martin Varsavsky), y hace unos días, la siguiente que podía aparecer en la lista, Tuenti, ha sido vendida a Telefónica, dejando de ser un proyecto propiedad de sus impulsores.

En España nunca ha existido una mentalidad emprendedora aunque algunos empresarios españoles hayan nadado contracorriente y hayan logrado importantes éxitos. La tradición española es buscar un puesto de trabajo seguro y no arriesgarse embarcándose en historias con gran incertidumbre. Esta mentalidad que parece que la crisis está cambiando aunque solo en parte, no modifica los problemas a los que se enfrenta quien tiene una idea que puede convertirse en un negocio exitoso que son, entre otros, los siguientes:

  • Financiación: Es dificil conseguir el soporte económico de una idea. Los jóvenes emprendedores recurren al sistema de friends & family para compensar la falta de financiación bancaria en la situación actual.
  • Tramitación y burocracia: Según el Banco Mundial, España es el país desarrollado en el que más se tarda en abrir una empresa. Eso desespera a cualquiera. Hace falta mucho esfuerzo por parte de la administración simplificar de forma radical la tramitación, para reducir los impuestos y las tasas, y para explicar los mecanismos que tiene para facilitar esta tarea. En especial, potenciar el uso de CIRCE para la creación de empresas de forma sencilla por internet.
  • Mercado laboral: En un mercado rígido, los emprendedores pueden sufrir pavor a contratar a las personas que necesitan para hacer crecer su incipiente negocio. Es importante hacerles perder ese miedo, flexibilizar el mercado para fomentar la creación de empleo.
  • Hipertrofia legislativa: El modelo de la administración en España, con sus tres niveles (local, autonómico y central), provoca que el Estado sufra de una hipertrofia legislativa que hace absolutamente incomprensible el marco legal y por lo tanto genera más incertidumbre. Los emprendedores no saben qué es lo que pueden o no pueden hacer. No saben si deben pedir permiso ni a quién deben hacerlo. Es importante reducir y aclarar el marco normativo.
  • Dependencia y condiciones en las subvenciones: Los ayuntamientos y las comunidades autónomas establecen subvenciones para jóvenes emprendedores, pero en muchas ocasiones las subvenciones incluyen unas condiciones que limitan la creación o el crecimiento del negocio: obligatoriedad de utilizar una lengua concreta, de ubicar la oficina en un lugar preestablecido, etc.

Pero desde luego, no es momento para lamentarse sino para buscar soluciones. Estamos formados y tenemos ideas. Quitémonos los complejos, orientemos el negocio y asumamos los riesgos. ¡Emprendamos!

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¿Por qué ha fracasado Google Wave?

13/08/2010
Google Wave

Google Wave

A pesar de las expectativas creadas en su lanzamiento hace solo unos meses, la semana pasada Google anunció la cancelación del proyecto Google Wave. Wave suponía una integración de varios medios utilizados hasta ahora por separado: e-mail, chat, fotos, vídeos, documentos, blogs, etc., cambiando de forma radical el modo en que la gente trabaja y comparte su trabajo.

La excusa oficial del fracaso es la “indiferencia” con la que la mayoría de los usuarios recibieron esta herramienta, vista en Google como revolucionaria. Pero las razones de esa indiferencia son las que ahora todo el mundo busca. Se ha hablado ya en muchos blogs sobre el tema, y todo el mundo tiene su opinión. De entre todas las razones, creo que hay que destacar la excesiva independencia de esta herramienta con respecto al resto de productos de Google.

La necesidad de invitación, la imposibilidad de utilizar la cuenta de google y la percepción de que era un correo electrónico superpotenciado pero distinto de la cuenta de gmail ha podido resultar letal para un producto que con toda seguridad añadía buenas funcionalidades que serían útiles en muchos casos de nuestro día a día.

Tengo la sospecha de que si se hubiese integrado en gmail, del mismo modo que ahora se ha hecho con Buzz, los usuarios empezarían a utilizarlo en los casos más conocidos (trabajo colaborativo, redacción on-line en grupo, etc.) y poco a poco tendría una gran aceptación. Parece que la estrategia de Google fue demasiado agresiva y los usuarios no quisieron estudiar las novedades que incorporaba.

Si Google lo incorpora poco a poco  a Gmail, las mismas funcionalidades serán recibidas con los brazos abiertos.

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Privacidad, educación y redes sociales

12/08/2010
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook

Cuando Mark Zuckerberg declaró que la era de la privacidad había terminado, hubo quien pensó que se trataba simplemente de la ocurrencia de un veinteañero. Cuando el veinteañero en cuestión ha creado una red social que conecta a más de 500 millones de personas en todo el mundo, su opinión sobre el tema no puede ser despachada a la ligera.

La idea de Zuckerberg ha sido y es hacer los datos de facebook cada vez más públicos, con menos restricciones y menos control por parte de los usuarios, aunque los movimientos de facebook en los últimos meses no han ido en ese sentido. De momento. Pero la idea última está ahí, y es un objetivo que persigue y que tratará que compartamos tarde o temprano.

Mientras tanto, algunos han intentado advertirnos de que la información que compartimos en la red puede ser, como en un juicio, utilizada en nuestra contra. Las redes sociales en internet son un fenómeno relativamente nuevo que todavía estamos aprendiendo a utilizar correctamente, y estamos haciéndolas evolucionar con el uso que hacemos de ellas. Los adultos debemos ser cuidadosos y contagiar ese cuidado (sin alarmismos) a quienes no lo tienen.

En una iniciativa pionera y muy acertada, Alemania está preparando una asignatura sobre privacidad para enseñar a los jóvenes a cuidar la información que dan sobre ellos mismos en Facebook o Twitter. Esta materia podría incluir métodos para contrastar y verificar datos de la red, destinados a evitar que los jóvenes se crean todas las informaciones que reciben, independientemente de la fuente de la que provengan.

Es de vital importancia la adaptación de los contenidos formativos que los niños reciben en el colegio a la realidad que viven fuera de él, y la tecnología cada vez gana más terreno en esa realidad. Este avance tiene que notarse en los programas educativos, y para ello es necesario que los gestores públicos, los políticos y los educadores se formen primero para conocer, mejor que sus alumnos, las herramientas, las opciones, los riesgos y las posibilidades de las redes sociales.

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Google apps para el sector público

11/08/2010
Google apps

Google apps

Google ha anunciado una nueva edición de Google Apps, con todas las aplicaciones orientadas a las necesidades del sector público. Esta suite de aplicaciones de tipo cloud computing ha sido certificada y acreditada por la U.S. General Services Administration (certificación FISMA: Federal Information Security Management Act).

Según la compañía, la mayoría de las agencias con las que han trabajado han podido ver que Google les ofrece la menos la misma seguridad (si no mejor) que la que ya tenían, con lo que sus clientes en la administración pueden moverse a la nube con confianza. Ponen el ejemplo del Berkeley Lab, donde los investigadores pueden enviarse correos y documentos de forma sencilla, trabajar con ellos simultáneamente, y todo ellos sabiendo que el contenido permanece seguro en la nube.

Google ofrece en la actualidad unas garantías que hacen muy difícil no plantearse al menos estudiar los beneficios en cuanto a la mejora de la eficiencia y el ahorro de costes que supone utilizar sus productos.

La noticia llega en el momento en que se debate sobre la externalización o no de las TIC en el sector público, y cuando se duda de la posición de Google en cuanto a la neutralidad de la red.

¿Se ahorraría utilizando estas aplicaciones en el sector público? Sí. ¿Se trabajaría de un modo más eficaz? También. ¿Es suficientemente seguro? Completamente. ¿Nos fiamos de Google como proveedor? Deberíamos. ¿Nos gusta que algunos datos utilizados en la administración española se alojen y gestionen en servidores externos probablemente ubicados en EEUU? Pues quizás es lo que habría que debatir o estudiar con Google.

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Gobierno abierto

10/08/2010

Gobierno abierto

Gobierno abierto

El País ha publicado un interesante reportaje sobre los movimientos de las administraciones en relación a la apertura de los datos que poseen para ponerlos a disposición de los ciudadanos (artículo al que he llegado vía Netoratón).

Cada vez son más las administraciones en el mundo que se orientan hacia una forma distinta de hacer las cosas, utilizando los recursos que la tecnología pone a disposición de ciudadanos e instituciones. Hace tiempo hablábamos de gobierno 2.0 y democracia 2.0, y este artículo vuelve a hacernos reflexionar sobre el tema. ¿Cuántas cosas se hacen como se hacen porque nunca ha habido otra posibilidad?

Las administraciones han recabado y utilizado nuestros datos para gestionar los asuntos públicos. No ha sido hasta el momento en que internet ha tenido una penetración importante en los hogares cuando se ha planteado la posibilidad de que esas administraciones nos enseñen los datos, las cuentas o el estado de los proyectos que desarrollan con nuestro dinero.

Barak Obama ha dado un impulso fundamental a lo que conocemos como Gobierno abierto, y tanto Estados Unidos como el Reino Unido han puesto a disposición de los ciudadanos miles de datos públicos a través de unos portales dedicados a esa labor. En el Reino Unido, por ejemplo, se puede conocer el destino que se ha dado a los impuestos pagados por cada contribuyente.

Se abre el debate, por lo tanto, de qué datos pueden hacerse públicos y cuales debe guardar celosamente la administración. Es evidente que los que tengan influencia en la seguridad del estado o lo que, por su naturaleza, sean datos privados de los ciudadanos, no deberían airearse. Por otra parte, el destino del dinero ingresado por el estado parece un buen candidato a hacerse público: ¿Cuánto dinero se ha gastado en educación (en qué colegios, en qué material, en qué profesores)?, ¿Cuánto se ha gastado en comedores sociales?, ¿Cuánto en infraestructuras (en cuáles, a quién se ha pagado)? También el progreso de cada proyecto parece interesante publicarlo. Todos podríamos ver los retrasos en las obras, cómo se encarecen y por tanto cómo se están gestionando.

Entre los datos evidentemente privados y los evidentemente públicos se abre un espacio de debate. En otros países es público el importe que cada ciudadano declara a hacienda. ¿Debe serlo también aquí? ¿Es privado lo que un contribuyente aporta al sostenimiento del Estado? ¿A quién perjudicaría o beneficiaría hacer pública esta información?

Como se dice en el artículo, el gobierno abierto está basado en tres pilares: transparencia, participación y colaboración. La publicación de los datos que los gobiernos poseen permitiría auditar su labor y evitar el fraude, tanto del propio gobierno como de los ciudadanos que quieren, por ejemplo, “suavizar” sus obligaciones tributarias.

Las empresas empiezan a comprender la importancia del social media y a través de sus community managers o figuras equivalentes, están abriéndose a sus clientes para permitir una relación bidireccional muy provechosa en ambos sentidos. La administración debe potenciar también esos canales para hacer la democracia más participativa. Al fin y al cabo nuestra democracia es el peor sistema del mundo a excepción de todos los demás. Quiere esto decir que está muy lejos de ser perfecto, pero no tenemos (teníamos?) otro mejor. La posiblidad de realizar propuestas, participar en debates o lanzar alertas tempranas ante posibles problemas mejora la calidad de nuestra democracia en el sentido etimológico de la palabra, evitando la perversa y antigua partitocracia.

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Coordinación y ahorro en la Administración

16/07/2010

Estructura de Sara

La publicación en el diario Expansión de un artículo en el que se critica la falta de coordinación entre administraciones para compartir recursos informáticos ha provocado una reacción inmediata en los blogs que tratan sobre estas materias. Sostiene Expansión que podrían ahorrarse 1.000 millones de euros centralizando muchos de los servicios que ahora presta cada organismo de forma independiente.

Tanto Montaña Merchan como Andrés Nin han criticado las cifras ofrecidas por el diario económico y su desconocimiento de las medidas coordinadoras y centralizadoras que ya existen para ofrecer servicios de forma unificada (básicamente la red SARA). Tengo que sumarme sin reparos a las críticas a las cifras, que no están detalladas y que parece que parten de extrapolar un ahorro posible en el Reino Unido basándose en un informe (PDF/inglés) que parte a su vez de estimaciones poco fiables. Me sumo también a la crítica por no poner de relieve las medidas que existen en la administración para coordinar sus actuaciones, para distribuir sus servicios más existosos y para ahorrar costes tratando de no duplicar o triplicar esfuerzos (y por tanto dinero) desarrollando varias veces sistemas equivalentes.

Pero tengo que reconocer el valor del artículo en tanto que, independientemente del rigor de las cifras, pone de relieve un problema que existe y que aunque la red SARA trate de mitigar, sigue suponiendo un coste muy importante para las arcas del Estado. Gran parte de este problema no es propio de la organización de los sistemas informáticos, sino de la organización misma de la Administración del Estado, con tres niveles independientes (Administración General del Estado, autonomías y gobiernos locales), apoyados por diputaciones provinciales y organismos anejos.

La coordinación entre administraciones se hace más difícil en general, y en los sistemas en particular. La red SARA ha venido a paliar en parte estos problemas, pero no evita que por tradición, por desconocimiento o por presiones políticas, algunas administraciones u organismos decidan no utilizar lo que se le ofrece y realizar sus propias versiones de aplicaciones o servicios ya probados con éxito.

Expansión también pone de relieve que en la administración española no existee la figura del CIO (Chief Information Officer), que sí tienen en las administraciones británica o estadounidense, a modo de coordinador general de sistemas de toda la administración (reclamaba yo hace meses una cordinacción real a nivel interministerial), y me parece una figura imprescindible pero dificilmente implantable en un país con un modelo de estado con administraciones muy celosas de sus competencias. La unificación de servicios auxiliares como el correo electrónico o las líneas de comunicación podrían formar parte de lo que supondría un buen paquete de medidas destinadas a la mejora de los servicios y al ahorro, tan necesario en el momento actual.

Para ello es necesaria una gran voluntad política de todos los implicados que lleve a aceptar que una coordinación general y central que obligue a todos supondría un enorme ahorro de costes (que yo no me atrevo a cuantificar) y una mejora sustancial de los servicios ofrecidos a los ciudadanos.

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