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Productividad en épocas de crisis

29/01/2010

ProductividadEn épocas de crisis todos debemos tratar de mirarnos a nosotros mismos con objetividad para darnos cuenta de nuestros defectos e intentar mejorarlos ya que, cuando las empresas aprietan a los empleados para ganar rentabilidad desesperadamente, los clientes aprietan a las empresas porque no pueden pagar como lo estaban haciendo, y entre los propios países también se tensan las relaciones comerciales, nos encontramos en un escenario de competencia muy exigente y es importante ser comparativamente mejor que los demás para no perder tu trabajo.

Es bien conocido que la productividad española es la más baja de Europa (solo por detrás de Italia). En la última semana hemos conocido la noticia engañosa de que la productividad española estaba mejorando. Esta noticia no tiene que ver con las necesarias mejoras estructurales en la organización del trabajo sino simple y llanamente con que se ha despedido a mucha gente y el trabajo sigue saliendo.

Este hecho, el estado del empleo en este país, y nuestra experiencia en negocios internacionales, debería llevarnos a varias reflexiones:

  • Compromiso: En España no tenemos interiorizado el trabajo como un resultado que debemos obtener en un tiempo (con lo que mejorar el resultado o mejorar el tiempo es lo que mejora el trabajo), sino que pensamos en el trabajo como el tiempo que debemos estar haciendo lo que nos indica un responsable, sin sentirnos vinculados a los objetivos de la empresa.
  • Participación y comunicación: En una organización jerarquizada, en los escalones inferiores se ven los problemas y en los superiores las estadísticas. Es importante conocer y reportar los problemas para que las estadísticas y los números mejoren. Creo que en España ocurre que quien ocupa los peldaños superiores no cuenta con los de abajo y no les escucha, y viceversa: los que ocupan los peldaños inferiores no sienten la necesidad de reportar sus inquietudes sobre los problemas que no lo son directamente para ellos. Esto provoca una dificultad muy importante a la hora de tratar de mejorar los procesos productivos, ya que se realizan de forma vertical, teórica e impuesta en lugar de realizarlos de forma colaborativa, empírica y pactada.
  • Idioma: En España se enseña inglés de una forma terrible. Con insufribles clases teóricas impartidas por profesores que no conocen suficientemente el idioma. Si bien es cierto que los profesores de idiomas cada vez son mejores, los métodos no se actualizan. En otros países de nuestro entorno es impensable que quienes ocupan ciertos puestos no hablen inglés de forma fluída y natural. Esta barrera idiomática nos aisla, impidiendo abrirnos a Europa y al resto del mundo, donde nos ven como un lugar donde establecer una política de offshoring en lugar de contar con nosotros como socios.
  • I+D+i: A pesar de contar con innumerables universidades e investigadores en España, el número de patentes es muy pequeño. Una gran empresa americana presenta tantas patentes en un año como todas las universidades españolas en varios cursos. Esto nos indica que, o bien no estamos destinando los suficientes recursos a la investigación, o bien no los empleamos correctamente. O bien ambas. Yo me inclino a pensar que no tenemos cultura innovadora sostenible. Quiero decir que no sacamos productos tras la investigación y el desarrollo que sean realmente innovadores y que además tengan un reflejo comercial posterior. Sobre todo esto último. Quizás nos quedamos en el prototipo, quizás nos quedamos en las intenciones, quizás toda la innovación española lleve un condicional como estigma:  “esto podría mejorar la eficiencia de los motores”, “esta propuesta podría llevar agua a zonas con problemas de abastecimiento”, etc., en lugar de un contundente: “ha logrado”, “ha vendido” o “se ha convertido en”, que son, por cierto, las cosas que pasan cuando se presenta, por ejemplo, un producto de apple.

Hagamos que las empresas funcionen como equipos, mejoremos la educación con idiomas bien enseñados, motivemos a los empleados haciéndoles partícipes de los logros o fracasos de las compañías, orientemos las universidades hacia los resultados, hacia la innovación que sirva, que se utilice y que se pueda vender, y tendremos organizaciones competitivas, productivas y actractivas.

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