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Futuro, propiedad intelectual y administración electrónica

22/03/2010
Vinton Cerf

Vinton Cerf

Vinton Cerf, considerado uno de los padres de internet por trabajar en el desarrollo de los protocolos de comunicaciones que hicieron posible la Red, ha escrito el prólogo de “Todo va a cambiar”, el libro que acaba de publicar Enrique Dans.

En este prólogo, el actual vicepresidente de Google, y presidente del ICANN, reflexiona sobre la futura interconexión de varias de las nubes que conocemos y con las que empezamos a trabajar mediante cloud computing. La nube de Google, que nos permite tener entre otros servicios, hojas de cálculo on-line y el correo de gmail de forma totalmente deslocalizada, las nube de Microsoft o de Amazon deberían en el futuro poder interconectarse, tal y como se conectaron distintas organizaciones en los albores de internet, produciendo una sinergia tal que cambió para siempre la forma en que la humanidad se comunicaba.

La incorporación a las redes de datos de la telefonía móvil, los retos para la publicidad on-line o la gestión y publicación de contenidos en la red son también objeto de reflexión para Certf, que da la razón al subtítulo del libro: “adaptarse o desaparecer”.

Es precisamente este subtítulo el que me provoca dos pensamientos rápidos: uno por la actualidad y otro por la profesión.

Respecto a la actualidad, y teniendo en cuenta las últimas novedades legislativas aprobadas en el Consejo de Ministros del pasado viernes, solo puedo reafirmarme en la opinión de que el mercado de los contenidos en Internet debe encontrar un nuevo modelo de negocio. Las empresas relacionadas están cláramente buscando la tecla que les permita relacionarse de un modo amistoso con sus clientes y obtener un rédito económico importante. Unos periódicos buscan modelos de pago por contenidos mediante sistemas de valor añadido, mejorando la disponibilidad de la información en todos los soportes imaginables, la ausencia de publicidad en versiones de pago, etc. Otros diarios apuestan por continuar la política de información gratuíta y abierta, a cambio de publicidad, y siguen investigando en el mejor modo de centrar el target para enviar a cada usuario la publicidad que pueda ser más efectiva. Algunas editoriales (pocas) ya disponen de una colección de títulos disponibles para e-book a un precio razonable, aunque la mayoría han aprovechado para incrementar significativamente sus márgenes, vendiendo al mismo precio el libro en papel (con sus gastos de impresión, distribución, venta en tienda física, etc.) que el electrónico, cuya copia tiene coste cero.

Por otro lado tenemos a las entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual, desastrosamente asesoradas, decididas a poner puertas al campo, a mear contra el viento y a continuar con su arcaico modelo de negocio, basado en remuneración por copia, ignorando la revolución que internet ha traído, donde la copia no vale absolutamente nada. Estas entidades, como dice Enrique, deben “adaptarse o desaparecer”. O encuentran una forma de defender sus derechos que no implique saltarse a los jueces e insultar a sus clientes, o no les quedará negocio que defender.

En lo profesional, cada vez que leo a un gurú hablando de las últimas novedades, o intuyendo hacia dónde se mueve la tecnología o los servicios más punteros, no dejo de pensar que la administración circula en el vagón de cola de esta tecnología. Corrijo. Algunas administraciones ni siquiera viajan en el tren, pero las que lo hacen, lo hacen en el vagón de cola, que sufre las embestidas más fuertes en cada curva y está menos preparado que quienes lideran el convoy.

La administración es ajena a las tendencias en la web, utiliza estándares antiguos, desarrolla servicios obsoletos y no se deja asesorar por quienes pueden hacerle avanzar varios puestos en la carrera por la interacción personal y amistosa con los ciudadanos.

Es cierto que cada paso, cada servico puesto a disposición de todos, se percibe como un éxito y provoca que cada vez más personas apuesten por la tecnología en la administración, convenciendo a los más contrarios o desconfiados, y dando razones para acercarse a ella a quienes nunca pensaron que lo harían.

Más políticos con perfiles o conocimientos técnicos permitirían dar un impulso real a la I+D+i (¡innovación!) española, y desarrollar una administración realmente cercana a los ciudadanos.

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