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¿Por qué ha fracasado Google Wave?

13/08/2010
Google Wave

Google Wave

A pesar de las expectativas creadas en su lanzamiento hace solo unos meses, la semana pasada Google anunció la cancelación del proyecto Google Wave. Wave suponía una integración de varios medios utilizados hasta ahora por separado: e-mail, chat, fotos, vídeos, documentos, blogs, etc., cambiando de forma radical el modo en que la gente trabaja y comparte su trabajo.

La excusa oficial del fracaso es la “indiferencia” con la que la mayoría de los usuarios recibieron esta herramienta, vista en Google como revolucionaria. Pero las razones de esa indiferencia son las que ahora todo el mundo busca. Se ha hablado ya en muchos blogs sobre el tema, y todo el mundo tiene su opinión. De entre todas las razones, creo que hay que destacar la excesiva independencia de esta herramienta con respecto al resto de productos de Google.

La necesidad de invitación, la imposibilidad de utilizar la cuenta de google y la percepción de que era un correo electrónico superpotenciado pero distinto de la cuenta de gmail ha podido resultar letal para un producto que con toda seguridad añadía buenas funcionalidades que serían útiles en muchos casos de nuestro día a día.

Tengo la sospecha de que si se hubiese integrado en gmail, del mismo modo que ahora se ha hecho con Buzz, los usuarios empezarían a utilizarlo en los casos más conocidos (trabajo colaborativo, redacción on-line en grupo, etc.) y poco a poco tendría una gran aceptación. Parece que la estrategia de Google fue demasiado agresiva y los usuarios no quisieron estudiar las novedades que incorporaba.

Si Google lo incorpora poco a poco  a Gmail, las mismas funcionalidades serán recibidas con los brazos abiertos.

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Google apps para el sector público

11/08/2010
Google apps

Google apps

Google ha anunciado una nueva edición de Google Apps, con todas las aplicaciones orientadas a las necesidades del sector público. Esta suite de aplicaciones de tipo cloud computing ha sido certificada y acreditada por la U.S. General Services Administration (certificación FISMA: Federal Information Security Management Act).

Según la compañía, la mayoría de las agencias con las que han trabajado han podido ver que Google les ofrece la menos la misma seguridad (si no mejor) que la que ya tenían, con lo que sus clientes en la administración pueden moverse a la nube con confianza. Ponen el ejemplo del Berkeley Lab, donde los investigadores pueden enviarse correos y documentos de forma sencilla, trabajar con ellos simultáneamente, y todo ellos sabiendo que el contenido permanece seguro en la nube.

Google ofrece en la actualidad unas garantías que hacen muy difícil no plantearse al menos estudiar los beneficios en cuanto a la mejora de la eficiencia y el ahorro de costes que supone utilizar sus productos.

La noticia llega en el momento en que se debate sobre la externalización o no de las TIC en el sector público, y cuando se duda de la posición de Google en cuanto a la neutralidad de la red.

¿Se ahorraría utilizando estas aplicaciones en el sector público? Sí. ¿Se trabajaría de un modo más eficaz? También. ¿Es suficientemente seguro? Completamente. ¿Nos fiamos de Google como proveedor? Deberíamos. ¿Nos gusta que algunos datos utilizados en la administración española se alojen y gestionen en servidores externos probablemente ubicados en EEUU? Pues quizás es lo que habría que debatir o estudiar con Google.

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El correo electrónico en la nube

30/10/2009
Cloud computing

Cloud computing

Hace unos días, Enrique Dans hablaba en Expansión de la seguridad o inseguridad de tener los datos en “la nube“. El cloud computing consiste en alojar en servidores remotos, de terceros, nuestros datos, nuestro trabajo o incluso nuestras aplicaciones. Esta manera de proceder, en claro auge últimamente, reduce costes, elimina pérdidas de datos, hace más accesible la información, entre otras grandes ventajas.

Este paradigma de utilización de internet se opone a la gestión propia en una organización de todas sus necesidades tecnológicas: servidores de aplicaciones, servidores web, de correo electrónico, almacenamiento de datos, políticas de backup, etc. Existen excelentes servidores de correo muy baratos (o gratuítos) que ofrecen todas las garantías de seguridad y privacidad necesarias para una organización. Más garantías en la mayoría de las ocasiones que la propia organización, generalmente más pequeña y por tanto más proclive a fallos en sus sistemas que pueden provocar pérdidas irremediables de datos.

Ayer pudimos leer vía menéame la noticia de que google ha ganado un concurso para proveer de correo electrónico a los funcionarios de Los Ángeles. Este hecho provocará a los ciudadanos de la ciudad un importante ahorro y en mi opinión una garantía de que los datos no se perderán. Personalmente confío más en la seguridad de los datos de google que en los de cualquier administración.

No obstante, hay muchas personas que por distintos motivos son reticentes a alejar físicamente sus datos de sí mismos o de sus propios equipos, aunque no tengan planes de cotingencia o grandes medidas de seguridad. Parece que “la nube” es algo etéreo, que puede desviarse, cambiar o desaparecer sin que podamos hacer nada al respecto, como si de una nube real se tratase. La nube no es más que una interconexión, la nube es internet, y en la red hay cosas etéreas, mutables, poco fiables, dañinas o erróneas; pero también hay cosas estables, corretas, seguras y confiables. Como en el mundo real, en el mundo físico, donde hay bancos buenos y bancos malos, tiendas buenas y tiendas malas, El Corte Inglés y bazares chinos con productos de dudosa calidad. Simplemente hay que saber elegir dónde comprar o dónde depositar nuestro dinero.

Lo que más me preocupa a mí es que el ritmo que lleva la tecnología en la creación de servicios, la velocidad en la innovación, es mucho más rápida que nuestra legislación, y corremos el riesgo de impedir a las empresas el ahorro de costes, el aumento de la difusión o la creación de nuevos servicios profesionales si no estamos muy atentos para modificar unas leyes que en su gran mayoría se diseñaron para un mundo muy distinto al actual (¿Quién podía pensar que para enviar una nota al compañero de la mesa de enfrente, ésta iba a pasar necesariamente por media Europa y por Estados Unidos antes de llegar a su destino, medio segundo más tarde?)

A este respecto escribió hace ya unos meses Javier Maestre, director del Bufet Almeida en Madrid, con quien tuve la suerte de poder charlar largo y tendido hace tiempo en unas conferecias en La Coruña. En un artículo publicado en enero, y titulado “El cuento de la lechera 2.0” imaginaba una situación hipotética en la que una pequeña empresa pasaba de tener sus propios servidores de correo a utilizar las herramientas que le proporcionaba google, y cómo podía tener problemas con la CMT o la AEPD, por no ajustarse a la legislación vigente.

Este artículo tuvo una respuesta inmediata por parte de google, que quiso matizar o quitarle ese halo hipotético, indicando que su compañía cumple con todos los requisitos legales pertinentes para ofertar los servicios que ofrece a sus clientes. La respuesta llevaba el acertado título de “No es un cuento 2.0”.

No obstante, sirva el ejemplo para ilustrar el modo en que las empresas tienden a ir acercándose a la externalización de los sistemas que no es necesario que mantengan ellos mismos y cómo la administración puede ser un obstáculo que hay que vencer.

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¿Innovación en la universidad?

01/10/2009
Sergey Brin y Larry Page fundaron google

Sergey Brin y Larry Page fundaron Google

Un artículo de Vivek Wadhwa en Techcrunch me lleva a reflexionar nuevamente sobre algo que pienso hace tiempo: existe una importante brecha entre las investigaciones que se realizan en las universidades y las empresas.

Vivek Wadhwa es un empresario que se convirtió en profesor (Universidad de Duck) e investigador (Universidad de Harvard), y su artículo se titula “Shooting for the Moon: How Universities Can Turn Innovation into Companies”
(algo así como “Ir a por todas: Cómo pueden las universidades convertir innovación en empresas“).

En este artículo explica cuáles son los motivos de esta brecha y ofrece sus propuestas para evitarla.

Los investigadores de los laboratorios universitarios encuentran un gran número de avances que pueden mejorar el mundo, pero la mayor parte de su trabajo nunca ve la luz del día. Apenas un 0,1% de las investigaciones científicas financiadas desembocan en una empresa comercial“. Y no es que las investigaciones resulten infructuosas en el 99,9% de las veces ni que en ese porcentaje sean las instituciones públicas las que utilizan la nueva tecnología sin necesidad de pasar por el circuito comercial.

Para impulsar nuestra economía, tenemos que cerrar esta brecha y mejorar el sistema de comercialización de las investigaciones procedentes de las universidades.

Y es que existen multitud de innovaciones atascadas en las trámites de patentes pendientes. Las oficinas de transferencia tecnológica tienen asignada la tarea de comercializar los resultados de las investigaciones, pero están dirigidas por burócratas que quieren garantizarse siempre el máximo beneficio y por eso hacen la vida muy complicada a quienes acuden a ellos con una innovación.

En el artículo se recomienda acudir a las universidades, conocerlas para poder llegar a las personas clave que pueden hacer que las cosas sucedan porque tienen el poder y los contactos (es decir, utilizar las puertas traseras), pero en este asunto hay muchas cosas que me parecen preocupantes:

  • Financiación: Se está gastando mucho dinero en investigaciones que no tienen un retorno comercial, con lo que puede haber cierta sensación de que las universidades son un saco roto donde se invierte mucho dinero pero de donde no se obtiene nada.
  • Innovación: La innovación existe, pero no proviene de la universidad, luego habrá que estudiar por qué se obtienen más resultados de una idea desarollada por chavales en un garaje que de equipos bien financiados y dedicados constantemente a investigar, supuestamente con tecnología vanguardista
  • Burocracia: En la universidad existen muchos talentos tanto en los laboratorios de investigación como en los clubes de estudiantes, y es preciso facilitarles la tarea de poner en práctica sus ideas con el soporte de la universidad.
  • Liderazgo: Al final, la universidad como tal no está liderando, no está a la vanguardia de los cambios que se producen en el ámbito de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Como caso curioso podemos hablar de Google, una idea de Sergey Brin y Larry Page en la que empezaron a trabajar en el ‘Digital Library Project‘ de la Universidad de Stanford. Cuando ya tenían un producto innovador informaron de la tecnología desarrollada a la ‘Office of Technology Licensing‘ (OTL) de la propia universidad, que se encargaría de ponerse en contacto con compañías de Internet que podían estar interesadas en Google.

Como las ofertas no les parecieron adecuadas (económicamente o por cómo se quiere continuar el proyecto), decidieron abandonar sus doctorados, salir de la universidad, y desarrollar su idea por su cuenta.

Su éxito forma ya parte de la historia.

Tal vez si la universidad hubiese negociado mejor con las compañías o hubiese apostado directamente por financiar e intentar retener una innovación como Google, ahora el éxito sería de Stanford, y Brin y Page no habrían tenido que dormir a medio metro de unos servidores pagados por los préstamos de sus familiares y amigos.

¿Cuantos Sergey Brin y Larry Page no encontraron financiación ni apoyo y sus innovaciones han terminado en una simple idea que jamás se desarrolló? ¿Realmente no podemos trabajar en la universidad por mejorar estas cuestiones? Creo que la universidad española lo necesita mucho.